Pasar mucho tiempo con una misma, mirándose hacia dentro que no el ombligo, aunque de manera inconsciente le lleva a una a conclusiones variadas, yo me he dado cuenta que soy fiel desde hace mucho a ciertas cosas que quiero para mi vida, aunque me de contra muchas paredes y personas que me rodean, advierto que más de lo habitual, estrictamente necesario y normal.
¿Por qué seré tan sentenciosa, tan grave? En los últimos tiempos he venido comprobando la veracidad de una sospecha bien fundamentada: soy un caso inequívoco de extravagancia mental , mi estado natural es la ingravidez . Observo hábitos inconfesables: paseo leyendo por las calles, me emociono hasta el llanto con ciertos poemas, le saco la lengua al televisor y a ciertas noticias del periódico,puedo pasar sesenta minutos mirando el perfil de la montaña en el tiempo que para otro sería un pestañeo, me entra una náusea enorme cuando alguien pronuncia la palabra "delicioso" ante algo insulso (todo esto lo hago siempre a espaldas de la gente honorable). Qué desastre. Procuro no llamar la atención, pagar minuciosamente mis impuestos y abstenerme de abrazar a cuanto guardia urbano o algo parecido ( con todo mis respetos a los guardas urbanos que no al resto de los que hago cuenta) se cruza en mi camino.
Noto con fuerza que la mayor parte de las veces no se me entiende, pero me basta que ÉL lo haga y mi conciencia para estar en paz ( algún otro poeta lo dijo antes que yo, pero ahora lo vivo en carne propia, lo hago mío), para sonreir, para no desfallecer.


Estaba esperando a alguien para ir a comer, como pensé que llegaba tarde había dejado el libro ( que siempre llevo cual salvavidas en el bolso en el despacho), así que me entretenía mirando a los pies de los transeúntes, un juego que practico de cuando en cuando, empiezo por los pies, imagino sus gestos y cómo pueden ser y acabo mirándoles el aspecto...alguien dijo en una peli de gansters ( no recuerdo cúal, cachis) que la manera de conocer a un hombre era mirarle a su calzado ( y no estoy hablando sólo de viejos y nuevos y cosas así, muchos me entenderán).
El viaje ya empieza en la oficina donde compro los billetes. Entro por la puerta, un cartel gigante dice "Iberia" ( se pueden decir marcas?), y la luz y la sala en sí ya me parecen que pertenecen al mega-espacio que luego sentiré el día x del vuelo, en el aeropuerto. Todo muy blanco y todo como nuevo pero antiguo, algo hay en ese lugar, las cortinas a tablitas que sé yo, que me hace entrar en los 70.